La Nochi los Dijuntos, representativa del estado de nuestra cultura tradicional

Daniel L.
| 30.10.2014

En Cantabria existen muchas costumbres propias de la noche del 31 de octubre, víspera de la festividad de Todos Los Santos. Algunas de ellas pueden tener cierto parecido, aunque también importantes diferencias, con lo que hoy se celebra como “Halloween”, fiesta que ha llegado hasta aquí comercializada por los vientos de la globalización y la hegemonía cultural estadounidense. Tiene sentido que existan coincidencias, puesto que se trata de fiestas comunes a toda la europa céltica, Irlanda (cuyos emigrantes llevaron esta costumbre a los EEUU), Bretaña, Escocia, Gales, Inglaterra, Cornualles, Galicia, Asturias, Cantabria o también en otros territorios más interiores como es el caso de León o Extremadura.

La costumbre de vaciar calabazas o nabos y colocar una vela dentro, existe en nuestra tierra desde mucho antes que el cine y la cultura norteamericana penetraran en Cantabria a través de los televisores. Además, existían costumbres como doblar las campanas de la iglesia toda la noche y, por supuesto, gastar bromas macabras a los incautos utilizando las calabazas o imitando sonidos o apariciones fantasmales.

Al ser otoño, la Nochi los Dijuntos se celebraba también con una magosta, si bien estas pueden darse a lo largo de todo el periodo otoñal en el que hay castañas para asar. Las magostas, además, tienen elementos rituales propios, como por ejemplo dejar la última castaña enterrada entre las brasas “a la bruja”. Pero en esta fecha no sólo se alimentan los vivos sino que también hay que dar de comer a los muertos. En algunos lugares de Cantabria era costumbre llevar ofrendas de alimentos y vino a las tumbas a la mañana siguiente, tal y como recoge el escritor comillano Domingo Cuevas.

En esta noche de magia y miedo se temía especialmente a la Güéstiga o Huértiga. Al igual que la “Santa Compaña”, esta procesión fantasmal se componía de almas en pena con sudarios, cruces y otros elementos funerarios que vagaban por los caminos aterrorizando a los paisanos. Su presencia se detectaba por cacareos o relinchios, por lo que muchos alborotadores y bromistas imitaban sonidos de animales para asustar. De todo ello nos informa el historiador Tomás A. Movellán Mantecón, quien documenta esta creencia desde al menos el siglo XVII. 

Según recoge Jesús García Preciados en sus “Cuentos de la tradición oral” existía la creencia de que esta noche mágica, en los cruces de cuatro caminos próximos a los cementerios, aparecían pañuelos sobre los que había rosquillas o pasteles. Si una persona comía alguno de esos dulces podían metérsele los demonios en el cuerpo. Estos cruces de caminos se consideraban lugares idóneos para las apariciones espectrales por lo que eran también los lugares perfectos para los bromistas.  En este sentido, García Preciados recoge una letanía que los jóvenes del oriente de Cantabria utilizaban para asustar, en esa y en otras noches del año, y que decía:

“Cuando estábamos vivos
comíamos de estos higos
y ahora que estamos muertos
rondamos por estos güertos”

Abandonando lo cántabro y adoptando lo estadounidense

Resulta paradójico y representativo de la situación que vive la cultura popular cántabra, que las mismas costumbres ancestrales que como propias estaban a punto de desaparecer, consideradas “paletas” y sin valor, ganen tan rápido el beneplácito de la población cuando llegan a través del marketing de la cultura globalizadora estadounidense. Esta tendencia a preferir lo foráneo frente a lo propio se conoce en Antropología como "malinchismo" y afecta a algunos pueblos que han sido colonizados.

Al menos, el "tirón" de Halloween está siendo utilizado por algunas asociaciones culturales para recuperar una fiesta tan nuestra como la Nochi los Dijuntos.

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Comentarios

La calabaza joracáa

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La calabaza joracáa arrientando una cara u una tobera, tien el llamatu de "pantasma".

Un saludu, ya nel Día los Dejuntos. La nuechi pasáa mos roldarin pol pueblu un güen qué de presonas con ropal y toberas de Halloween... Asina están los bolos pinaos...

Liendu estu m'alcuerdu de

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Liendu estu m'alcuerdu de cuandu pocus añus haci, mí padri mi diju que la sú bisabuela lis hacía a lus nietus d'aquella, las calabazas colus ojus y las velas. Hui genti a trisca piensa q'esu es yanqui. Qué pena.