Aficionados racinguistas asaltan el palco durante el partido de Copa

Marcos M.R.
| 10.01.2014

El partido de octavos de final de Copa del Rey que enfrentaba el pasado miércoles al Racing y al Almería en El Sardinero, adquirió una relevancia no prevista. Durante el trascurso del mismo, unas decenas de aficionados racinguistas ubicados en 'La Gradona de los Malditos' se dirigieron al palco amenazando a los miembros del Consejo de Administración.

Estos hinchas fueron aplaudidos por el grueso de los asistentes al encuentro, que vieron en ellos la representación de la indignación y hastío que el racinguismo vive desde hace años por los saqueadores que ocupan el Consejo de Administración.

El ambiente se caldeó unos minutos antes en Tribuna Central, localidad donde tradicionalmente acuden las personas de una edad y un nivel económico más alto. Parte de la grada insultó a “Harry”, el presidente del Consejo, que decidió llamar a la policía para que acudiera a la grada a identificar. Mientras tanto, alrededor del minuto 13 en el fondo que ocupa La Gradona en Preferencia Norte, miembros de la seguridad privada del club retiraban una pancarta que decía "Racing secuestrado, justicia ya". Esto provocó que se disparara la tensión y hubiera un conato de invasión, para acabar los hinchas cruzando desde Tribuna hacia el palco.

Desde el "destierro" de Tribuna, se accede más facilmente al centro de poder

En las últimas semanas se produjeron unos hechos que irritaron aún más a la afición racinguista. El domingo pasado, en el partido que disputó el Racing frente al Marino de Luanco, el Consejo de Administración decidió que los aficionados de 'La Gradona' que ocupan la preferencia norte debían situarse en Tribuna, la zona inmediatamente superior. Justificaron esta decisión por el incidente ocurrido en el último partido antes de las vacaciones de Navidad, en el que dos centenares de aficionados saltaron al cesped para protestar contra el consejo y pedir el pago de los sueldos adeudados a los jugadores. Los aficionados expulsados de su grada la ocuparon legítimamente cuando se cumplía el minuto 13 del partido, convertido en habitual momento de protesta por la situación del club.

Por si esto fuera poco, en los prolegómenos del encuentro de copa del miércoles, agentes privados de seguridad identificaron uno a uno a los aficionados que entraban hacia su localidad en el estadio racinguista.

A la indignación generalizada por parte del racinguismo, se unió también la sensación de estafa en la que la plantilla y el cuerpo técnico del club cántabro viven desde hace meses. Con varias mensualidades aún por cobrar y varias promesas de pago incumplidas por el Consejo, los jugadores decidieron permanecer inmóviles durante los primeros 20 segundos del partido para mostrar su desconformidad ante su situación. Esto también incidió en la posterior acción de los racinguistas que se dirigieron hacia el palco. Parece haber comunión entre afición y plantilla.

Hartazgo en respuesta a años de saqueo

La acción de este grupo de hinchas racinguistas hay que enmarcarla dentro del negativo contexto general en el que vive la entidad cántabra desde hace años, que se ha visto agravado durante los últimos meses.

El club en 2ª B debido a la pésima gestión de un Consejo de Administración que solo está interesado en la entidad para enriquecerse a su costa; el paquete accionarial mayoritario en manos de unas personas que ni siquiera han pagado por él;  los ‘okupas’ viviendo en absoluta impunidad que bajo la protección de los diversos poderes fácticos de la Comunidad Autónoma; los miembros del Consejo aprobándose altos sueldos mientras a la plantilla y al cuerpo técnico les adeudan 5 nóminas y así un largo etcétera.

Entre toda esta triste realidad, lo que mayor hastío causa en la masa social racinguista es la sensación de impunidad que trasmiten los saqueadores instalados en el palco racinguista.

A acrecentar esta sensación ayudó la decisión de hace menos de un mes del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria. Ante la petición de la empresa vasca Inmoarrabi del nombramiento de un administrador judicial con plenos poderes que obligara a marcharse a la actual directiva, el juez Fermín Goñi decidió nombrar un administrador con unas funciones muy limitadas, reducidas casi en exclusiva a la fiscalización del beneficio económico de las taquillas.

Esto, unido a la tibieza mostrada por el ejecutivo autonómico presidido por Ignacio Diego durante estos dos últimos años ante el expolio del Racing, causó el convencimiento del racinguismo en que las vías legales e institucionales servirían de muy poco a la hora de salvar el club.

Por ello, como en tantos otros ámbitos de la protesta social, cuando los ciudadanos observan que las instituciones que deben de velar por el bien común son incapaces de hacerlo, se encuentran en la necesidad de organizarse y subir el nivel de tensión y de protesta para dar aún mayor visibilidad al conflicto e intentar que la preocupación invada las vidas de los okupas que están acostumbrados a vivir en una permanente sensación de impunidad.

El Racing como reflejo de la situación social en Cantabria

La situación que vive el Racing desde hace unos años, es un reflejo perfecto de la realidad en la que Cantabria se encuentra en la actualidad, donde una minoría de privilegiados situados en una posición de poder que utilizan para enriquecerse a costa de los recursos de la mayoría.

Además, la lenta agonía a la que están sometiendo al centenario club cántabro, ahonda aún más en la pérdida de referentes que está sufriendo nuestra Comunidad en los últimos tiempos. Empresas simbólicas obligadas a cerrar, sectores tradicionales en una situación más que precaria, patrimonio lingüístico y cultural al borde de la muerte, etc.

La desaparición y precarización de instituciones, sectores e idiosincrasia que han sido los cimientos sobre los que se ha construido Cantabria es un hecho en una Comunidad que “iba a ser arreglada en 100 días” por parte del gobierno de Ignacio Diego, pero que en realidad camina hacia el abismo en beneficio de unas oligarquías económicas a las que se las permite todo, como muestra el ejemplo de la construcción del Centro Botín en un valioso terreno público sin ningún tipo de consulta a los vecinos de Santander.

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