David Fernández (cabeza de lista de la CUP): "Somos una suerte de zapatismo urbano en base al proyecto histórico de la izquierda independentista"

Patricia Manrique. Diagonal.
| 21.11.2012

david_fernandez_cupDavid Fernández se presenta como cabeza de lista de la CUP en las elecciones al Parlament. Activista de los movimientos sociales y periodista (en excedencia) de La Directa, además de colaborador de otros medios como Diagonal, explica, en esta extensa entrevista, algunas claves de una candidatura construida desde abajo y a la izquierda, que pugna por dar voz en el Parlament a más de un centenar de asambleas de pueblos y barrios catalanes. Las CUP son la rama municipalista de la izquierda independentista.

Según la definición que establecieron en su Asamblea Nacional Extraordinaria de 2009, son ”una organización política asamblearia de alcance y ámbito nacional, que se extiende en todos los Países Catalanes y que, partiendo del ámbito municipal, trabaja por unos Países Catalanes independientes, socialistas, ecológicamente sostenibles, territorialmente equilibrados y no patriarcales”.

PATRICIA MANRIQUE. Para que una propuesta política institucional lleve a un proceso de transformación social y no sea mera gestión ¿Qué hace falta?

DAVID FERNÁNDEZ: Que el cambio se haya producido ya en la calle. Por tanto lo más necesario son mayorías sociales, activación popular y consciencia colectiva. La traducción político-institucional de cualquier conquista social es seguramente el final de un proceso, nunca el principio. Por eso seguimos insistiendo que la mayor agora política, el mejor parlamento social, sigue siendo hoy la calle y las redes sociales, la desobediencia civil y la movilización popular. Allí donde se modulan y elaboran las políticas transformadoras. La ILP de la PAH puede servir como ejemplo: si se consigue la dación en pago serà por la extradordinaria movilización social que vienen desarrollando. Entre la espada del Estado y la pared del mercado, la política institucional –ese maquina centrípeta– es solo una parte de la política y, en la actual coyuntura, no la más importante. Para la CUP el cambio social se activa de abajo arriba: desde los barrios, los municipios y las comarcas.

P.M.: Vuestro planteamiento es esencialmente municipalista, y apuesta por la democracia radical, ¿cómo se sustancia?

D.F.: Se sustancia en la asamblea abierta y la democracia cooperativa –una persona, un voto– y en un apuesta clara por la repolitización de las clases populares, para que tengamos voz propia. Basta de ventrílocuos. Actualmente este proyecto político y social se sustenta en más de 100 asambleas locales y 1.200 personas activamente implicadas y en unos resultados municipales en mayo de 2011 que se tradujeron en 65.000 votos, 101 concejales y 4 alcaldías presentándose sólo al 10% de los municipios catalanes. Respecto a la relación con los movimientos sociales diría que es una relación dinámica, abierta, recíproca y en permanente interelación. No somos mediadores de nada ni de nadie. Somos parte de los conflictos sociales. No estamos ni delante ni detrás de los movimientos populares: estamos al lado. Y somos una expresión más –en este caso, municipal– de las demandas colectivas. La lucha institucional es un frente más, nunca el único. Respecto a la anquilosada forma-partido, la CUP es otra cosa que anula la perversa cultura de la transición que dejaba la política, como coto privado de caza, a los partidos políticos. La CUP es apuesta por la radicalidad democrática y por la autoorganización, pero también es red y espacio. Una suerte de zapatismo urbano que se construye desde abajo y a la izquierda en base al proyecto histórico de la izquierda independentista: máxima libertad política para esta nación y máxima justícia social para este pueblo. Es, antetodo, un instrumento de intervención política, popular y democrática. Respecto a la decisión de concurrir a las elecciones autonómicas, se ha decidido en asambleas abiertas y las listas, de abajo arriba, en base a un proceso de primarias, parcialmente limitado por la aceleración del tiempo político y la convocatoria de elecciones anticipadas.

P.M.: ¿Cuáles son las líneas de fuerza de la economía que proponéis desde las CUP?

D.F.: Las líneas fuerza de la economía que propone la CUP son el potencial del cooperativismo, las raíces de la economía social y solidaria que ya operan en nuestro país y una apuesta por el sector público como garante de servicios sociales universales. Un modelo de democracia económica y social, de matriz postcapitalista, para el siglo XXI y cómplice y solidario con las mayorías empobrecidas del planeta. ¿Es posible? Salvando las distancias y acercándonos a las proximidades Islandia marca una inflexión. Han hecho todo lo prohibido por los mercados: negarse a pagar la deuda, anular la deuda hipotecaria de miles de familias, encarcelar banqueros y procesar ministros por su implicación en la burbuja y abrir un nuevo proceso constituyente con participación popular. Frente a la doctrina del shock –la gran mentira que pretende imponer los planes de austeridad como medidas neutras, técnicas y asépticas– no es que propongamos, es que ya tenemos alternativas. Ellos tienen el Banco Santander, nosotros Coop57 y Fiare. Ellos tienen Endesa, nosotros Som Energia, una cooperativa de generación energética ecológica. Ellos tienen ABC, nosotros Diagonal o la Directa. Ellos tienen Mafre Seguros, nosotros Arç Cooperativa. Ellos tienen Mercadona, nosotros cooperativas de consumo que apuestan por la soberanía alimentaria. Alternativas que ya son, convertidas en las semillas del futuro cooperativo que anhelamos. Ante la degradación de la democracia, sostenemos que no hay mayor territorio liberado para construir otro futuro que nuestras vidas cotidianas.

P.M.: ¿Catalonia state of Europe? Frente a una neoliberal Unión Europea, defendéis un “marco de relaciones euromediterráneas de los pueblos libres”, ¿En qué consistiría?

D.F.: Desde su nacimiento, el euro es un proyecto de imposición neoliberal en un marco de reeestructuración del capitalismo global. Cabría decir hoy del capitalismo senil: el sistema es que cada día mueren 80.000 personas de hambre. Y la UE forma parte de esa máquina de guerra neoliberal, del cerebro de la bestia. La Europa política y social no existe, pero nosotros apostamos por una Europa alternativa: consiste, sintéticamente, en que la política vuelva a modular la economía y, si me apuras, en que la declaración universal de los derechos humanos de 1948 no sea un papel mojado cotidiano. La frontera más cruel de nuestro mundo es hoy el estrecho de Gibraltar: esa fosa común de 20.000 personas fallecidas y en dónde, en apenas 30 minutos de trayecto, se pasa del mundo-miseria al mundo-consumo. Por eso hablamos de romper los muros –todos– que existen hoy en el Mediterraneo. Cómplices activos de las primaveras árabes en Túnez y Egipto, impulsores de la libertad de Palestina, coconstructores de un Mediterraneo abierto, plural y solidario.

P.M.: A mucha gente le puede parecer que el hincapié en la cuestión nacional está dando fuelle a CIU…

D.F.: Que CiU utiliza la 'senyera' a libre disposición, com apropiación indebida y según convenga no debería extrañarnos ya: lo ha hecho siempre. La hegemonía del nacionalismo conservador español –parido por el nacionalcatolicismo franquista– y del nacionalismo conservador catalán –nuestra burgesía que apoyó la dictadura– se retroalimentan abiertamente. Y el programa de la derecha española de siempre se parece en exceso al programa de la derecha catalana de siempre. Ahora bien, como tan bien y tan recientemente ha señalado Jaime Pastor, la izquierda en el Estado español sigue siendo incapaz de comprender la plurinacionalidad que nos habita y de reconocer, salvo honrosas excepciones, el inalienable derecho a la autodeterminación que nos asiste. En perspectiva de clase, de clases trabajadoras, nuestro conflicto es con el Estado español no con su sociedad. Pero el simplismo reduccionista de la realidad catalana es insultante: y es que la diferencia entre la CUP y CiU es la misma que media entre un jornalero de Marinaleda y la Duquesa de Alba. A la izquierda española que observa, como nosotros, el fraude financiero de nuestros días y el fin del régimen nacido en la transición, cabría recordarles que una de las hipotecas del postfranquismo fue precisamente este: la (de)negación militar y militarista de la autodeterminación de los pueblos que, bajo el franquismo, toda la oposición reclamaba. Que CiU aproveche el escenario de un millón y medio de personas reclamando la independencia no puede conducirnos automáticamente a negar la libertad política de los pueblos y un derecho de la autodeterminación históricamente negado. Lo que está en juego son libertades fundamentales que venimos reclamando hace cuatro décadas: CiU sólo acaba de llegar. Y cabe añadir que hemos llegado a la actual encrucijada no por CiU sino por una persistente movilización popular nacida en 2006 ante el fraude del Estatut: esa 'democracia' donde diez jueces togados valen más que la voluntad democráticamente expresada de todo un pueblo. Creo que es importante comprender que lo que ha cambiado no es CiU, sino la mayoría social de este pueblo: hay un movimiento tectónico que ya ha enviado a la papelera la herencia del franquismo.

Comentarios

Sinceramenti mi decepcionó.

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Sinceramenti mi decepcionó. Que si siga vendiendu'l cuentu d'Islandia da pena. Siguin pagandu la deuda (anqui con una tasa d'interés más chica, "...devolución del préstamo a 37 años y los intereses no superarían el 3%, y en ningún momento podrá superar el 5% de ingresos del país..."), el supuestu procesu costituyenti nu es tal, si no sólu consultivu, y con namás que l'apoyu d'un terciu de lus islandesis enas dos convocatorias eletoralis que hubu (y a mí nu mi presta muchu el procesu eligíu pa desarrollá-lu) Lus bancus nu están nacionalizáus, y muchus de lus responsablis nu juerun encarceláus y algunus siguin enus sús cargus. Iquí hai un artículu al respetivi, anqui es un pocu antigu: http://www.elsentidodelavida.com/2011/03/desmontando-el-bulo-de-la-revolucion.html