“Los niños y niñas salían de casa con tiragomas, con esa violencia sentían que había que hacer algo"

Patricia Manrique
| 10.04.2012

Cadena_humana_entarajila_pola_Asamblea_de_MujerisMaría Gutiérrez fue una de las personas impulsoras de Asamblea Ciudadana, iniciativa popular para apoyar a los trabajadores que aglutinó a multitud de colectivos y personas de la zona, y que hizo un gran esfuerzo de documentación de lo que aconteció en aquellos días, además de acciones diversas y la presentación de una querella criminal contra la Guardia Civil. No había participado antes en lucha alguna, y recuerda con un cariño mezclado con indignación aquellos días en que toda la comarca fue “a una como Fuenteovejuna”.

 

ENFOCANT: ¿Dónde estabas el 12 de marzo? ¿Qué recuerdas de ese día?

MARÍA G.: Yo trabajaba con mi padre, teníamos un comercio de electrodomésticos en la calle Carlos III, la calle Mayor. Cuando íbamos para la tienda supimos lo que había pasado, y cuando cerramos fuimos con unos amigos a la entrada de La Naval. La gente estaba muy revuelta, ya sabíamos que habían retenido a Antolín, que lo habían metido en el búnker... Recuerdo que estaba afuera Mediavilla, el alcalde de Reinosa, del PSOE, y nos decía que nos fuéramos, que iban a venir a rescatarle, pero la gente estaba convencida y con la rabia de lo que se venía encima. A las doce, me fui a casa, y a la mañana siguiente fui a trabajar y me enteré de lo que había pasado: entraron los antidisturbios de la Guardia Civil a quemarropa, a palo limpio... Luego vino la batalla campal y la imagen de los guardias en el callejón, acorralados. Los sindicalistas hicieron una cadena humana para llevarles al ambulatorio porque estaban aterrorizados. Era todo el pueblo contra un grupo, encima en un callejón sin salida. Luego vendría la famosa frase en una tanqueta de "Ramiro, te vengaremos". A mucha gente tuvieron que bajarla a Valdecilla con golpes en la cabeza, en los brazos, en los testículos, en los ojos... Un pariente casi se ahoga con los botes de humo... Conozco, por ejemplo, a un chico con problemas psiquiátricos desde entonces.

ENFOCANT: ¿Y qué recuerdas del 16, el día que hirieron de muerte a Gonzalo? 

MARÍA G.: Recuerdo que ese día fuimos a casa a comer y que habían venido amigos de fuera por Semana Santa. La gente iba todos los días a la RENFE a parar el Talgo, cosa que se venía haciendo desde hacía tiempo: se hacían barricadas o se `ponía todo el mundo en las vías, muy arrojados. Serían las cuatro y pico e íbamos un grupo de gente, pero yo me volví con un amigo del Parque de Cupido, porque estaban los guardias con una actitud que llamaba la atención: las mangas arremangadas, con palos... Sonó el pitido del tren, que debía de ser la consigna, y empezó a llenarse todo de guardias y tanquetas. Aquello fue el horror. Recuerdo que eché a correr con otro grupo de gente y sólo nos dio tiempo a entrar en el ambulatorio, porque empezaron a llegar bandadas de guardias civiles. Entraron también el ambulatorio, salieron los médicos y a algunos les empujaron. Luego salí y me fui a mi tienda, que tenía un gran escaparate que no había protegido, -aunque después empezamos a proteger los escaparates de los comercios tapándolos con maderas-, y nos escondimos debajo del mostrador. Al cabo de una hora, salimos, y, en ese momento, un señor me avisó a gritos de que venía más guardia civil, nos metimos todos en el portal, cerramos, y estuvimos allí como desde las seis de la tarde hasta las diez de la noche, retenidos, tumbados en el suelo, viendo los palos desde el mirador.

ENFOCANT: ¿Cuánto duró este estado de sitio?

MARÍA G:: Hasta las doce de la noche por lo menos. Mi madre, a la que llamé por teléfono, me contaba que estaba todo lleno de tanquetas, que había helicópteros. Daban palos a diestro y siniestro. No te podías asomar a la ventana, aunque fuera de un tercer piso, porque te podía dar una pelota de goma. Al salir, era todo desolación, y esa noche nadie durmió porque había muchísimo que contar de todo el día: entraron en el campo de fútbol, en la iglesia, incendiaron la funeraria con los botes de humo... Todo el mundo tenía roturas en sus casas. Hubo 63 personas detenidas. Además, claro, la batalla campal terminaría con un muerto, Gonzalo, en Matamorosa. A un amigo, que trabajaba en el ambulatorio, le dijeron que si devolvía, se tragaba el vómito: ese es el tipo de cosas que pasaban. La indignación fue tan fuerte que decidimos montar una asamblea ciudadana.

ENFOCANT: ¿Cómo se organizó Asamblea Ciudadana?

MARÍA G.: Estábamos tan indignados que empezamos a hablar entre nosotros y con gente afín a nosotros de que teníamos que hacer algo. Decidimos mandar una circular, y convocamos, en una fecha que no recuerdo, en el salón de actos del que entonces era el Instituto a todas las fuerzas de Reinosa, desde grupos ecologistas, de teatro, comerciantes, a los bares y restaurantes, la Iglesia, los sindicatos, los partidos políticos... todos los gremios que hubiera los convocamos a una reunión, sin más, no sabíamos cómo se iba a llamar ni qué se iba a hacer ni nada. De esa reunión salió lo que se pretendía y el grupo que se iba a encargar de coordinar lo que se decidiera con el beneplácito de todo el mundo. No sabíamos por dónde empezar, y entonces una amiga nos dijo que lo primero que teníamos que hacer era presentar una querella criminal contra la Guardia Civil y sus mandos. Su marido, que era juez de un pueblo de Cantabria, preparó la querella. La firmamos un grupo de gente en representación de la asamblea y la presentamos al juzgado. También mandamos información a la Casa Real para que supieran lo que había pasado, y por ello tuvimos que ir al juzgado a declarar, por haberlos implicado a la Casa Real.

Protegiendo_pasu_a_nivelENFOCANT: Pero, además, hicisteis un gran esfuerzo para documentarlo todo...

MARÍA G.: Asamblea Ciudadana sirve, fundamentalmente, para recopilar información, testimonios de toda la gente que había sido herida, maltratada, con roturas... y difundirla. Además de la querella criminal, mandamos una circular a la Asociación Pro Derechos Humanos, al Consejo General del Poder Judicial, a Jueces para la Democracia, a la Asociación contra la tortura -que vinieron a Reinosa a hablar con nosotras-, a Amnistía Internacional, a toda la prensa, partidos políticos y sindicatos y al Defensor del Pueblo, Joaquín Ruiz Jiménez. Este último nos recibió en Madrid, le entregamos toda la información -testimonios, fotos, y un video que hicimos-, y después partió una manifestación en Madrid con el lema "Reinosa quiere vivir". Los materiales los divulgamos también por todas partes. A través de la CNT, fuimos mucho al País Vasco. Viajamos a muchos sitios. Nos reuníamos en la Casa de Cultura "El Convento", gracias a una amiga mía que era la propietaria, y allí Asamblea Ciudadana podía hacer lo que necesitara. Por lo visto, estábamos muy vigilados, había un helicóptero que pasaba por encima siempre que nos reuníamos. Parecía que estábamos en los tiempos de Franco, que no nos pudiéramos reunir más de diez personas, pero nunca pasó nada.

ENFOCANT: ¿Cómo viviste tú el desenlace de todo esto?

MARÍA G.: El desenlace lo vivimos con muchísima pena. Todo lo de Reinosa, todo lo de Asamblea ciudadana, las manipulaciones de una parte, estábamos todo el día en una constante pena. Pasamos unos años mal, Reinosa muy triste. Los obreros consiguieron algunos mucho dinero, la reconversión que se hizo benefició a algunos que con 55 años se jubilaron con una buena pensión, y luego la gente se sintió un poco rabiosa porque se decía que el comercio, por ejemplo, había puesto mucho y había recogido poco, porque la gente se iba a comprar fuera. Pero luego Reinosa se mantuvo en pie y aquí estamos. Continuamos dando charlas pero poco a poco se desinfló todo. Encima, en lo de Gonzalo le echaron la culpa a él, que tenía asma.... Y luego había que soportar que dijeran que fuimos unos salvajes. La capacidad de juntarnos fue lo bueno, y cómo la gente se lanzó a la calle. Los niños y niñas salían de casa con tiragomas, que era algo que no se podía consentir porque eso engendra violencia, pero sentían que había que hacer algo, y la única solución que se te ocurre con ese terror, a mí que no me cuenten, es la violencia. Yo quería que todos nos pusiéramos en huelga de hambre, pero una amiga me decía "qué más quieren ellos que nos muramos todos". La violencia no engendra más que violencia.

[Imágenes de archivo de el Diario Montañés]

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