"Pusimos la placa porque en 20 años nadie había tenido la iniciativa de hacer un homenaje"

Patricia Manrique
| 12.04.2012

Pilar_y_Laura_con_cuadro_Kant-iber_20_aniversarioJavier González, miembro de la peña racinguista Kan-Iber, era un estudiante en 1987, uno de tantos que salieron a las calles en apoyo de los trabajadores. En 2005, en el vigésimo aniversario de lo hechos, y ante la inacción de los sucesivos gobiernos, Kant-Iber, acompañados de La Fuga, decidieron colocar una baldosa en homenaje de Gonzalo Ruiz y la Primavera del 87 en el lugar donde el trabajador fue abandonado por la Guardia Civil. A juicio de esta asociación, debería haber una calle conmemorando los hechos.

ENFOCANT: ¿Cómo viviste tú aquella dura primavera?

JAVIER GONZÁLEZ: La noticia de la reconversión fue un durísimo golpe. No sólo eran los puestos de trabajo, y eran muchos para una población pequeña, era que las familias iban a tener que marcharse de Reinosa, dejando a familiares, amigos, vecinos... Y para el comercio la cosa también se iba a poner difícil. Quizá era necesaria la reconversión, pero el problema es que, además, se hicieron muchas promesas que no se cumplieron. Se decía que se iba a hacer una reconversión en la empresa pública -el Instituto Nacional de Industria, a quien pertenecía La Naval- pero que, después, en el Polígono de la Vega, anexo, se iba a urbanizar y de iba a declarar zona de urgente industrialización para traer otro tipo de empresas y recoger todo el excedente de trabajadores de la fábrica. Pero esas promesas no se cumplieron. La gente se dio cuenta antes de que allí no iba a haber futuro ninguno y explotó. Nosotros estábamos en el instituto, y se corrió la voz a través de la radio municipal de que estaban asaltando la fábrica para liberar a Antolín, y de que estaban dando estopa sin conocimiento. Entonces, salimos todos del instituto y fuimos allí también. Ese día fue la mítica foto de la guardia civil acorralada y, a partir de ahí, fue todo pura venganza. El Estado consideró que eso no podía ser, que había que sentar cátedra y poner el listón alto para que no se moviera ni dios en el resto del país. Fue una literal toma de la ciudad. Y se les fue de las manos.

ENFOCANT: Pero, pese a la dureza de las situaciones que se vivieron, la gente no se desanimó, continuaron las movilizaciones...

J. GONZÁLEZ: A partir del 12 de marzo vinieron muchos más guardias civiles, cuerpos de antidisturbios de distintos puntos de España que se acuartelaron en Reinosa con tanquetas, Land Rover, etc. Y aún así, la gente seguía luchando: haciendo barricadas, parando el tren a diario, cortando la carretera nacional. Ellos, claro, en cuanto veían que se unían varias personas, se presentaban. El Jueves Santo debieron pensar que había que parar aquello definitivamente. Y se les fue del todo de las manos, y ocurrió lo de Gonzalo. Al parecer, le habían pegado un pelotazo en la nariz, debía estar sangrando, y se metió en su garaje para intentar limpiarse. Le verían entrar y fueron a por él. Como no abría la puerta, metieron siete u ocho botes de humo dentro del garaje, y, como no podía respirar, perdió el conocimiento y se desmayó. Rompieron la puerta a balazos, le sacaron a rastras, le metieron en la tanqueta y debieron ver que estaba muy jodido, que no reaccionaba ni nada, así que les debió entra miedo de que se muriera allí adentro, pararon en el Banesto -donde hemos puesto la baldosa-, abrieron la tanqueta y le tiraron al suelo y se marcharon. Eso con testigos. Y al final, en el juicio, salieron absueltos porque se dijo que tenía una afección pulmonar. Es muy fuerte la manipulación que hubo.

ENFOCANT: ¿Cuáles fueron las consecuencias de todo aquello para el pueblo?

J. GONZÁLEZ: En Reinosa, una vez que veías la manipulación de los medios, entendías que aquello se iba a la mierda. Pero la lucha era el único objetivo y la única solución. En un primer momento, unió muchísimo al pueblo, incluida la juventud, creó un apego sólido, porque las malas noticias es innegable que unen. Lo malo es que, cuando cada uno tuvo que mirar por lo suyo, acabó degenerando. Además, nos quisieron hacer creer [una vez ejecutados los despidos] que eso se había acabado, que se pasaba página, que se iba a hacer zona de urgente reindustrialización, polígono nuevo, se iban a traer empresas... Pero no fue así, fue todo una mentira. A partir de ahí, empezó la decadencia, la indolencia, y la gente empezó a ver que se tenía que marchar. La mentira creó más desazón, y la gente se volvió mucho más individualista. Nosotros creamos hace años la asociación y la aspiración era, aparte de ser una peña racinguista, algo más ambicioso, defender las tradiciones, realizar actividades para fomentar el apego social pero, aunque tenemos 300 socios, al final nada. La gente ha cambiado muchísimo.

ENFOCANT: ¿Qué os llevó a poner la placa?

J. GONZÁLEZ: Nosotros pusimos la placa porque en 25 años nadie ha hecho nada, nadie ha tenido la iniciativa de hacer un homenaje siendo lo que pasó tan importante. Mi prima vivía en 1987 en Chicago, y hasta la televisión de allí llegaron noticias de los incidentes de Reinosa. Pero nadie ha tenido el detalle de pensar en hacer un monumento en recuerdo de la Primavera del 87 y de Gonzalo. Así que se lo planteé a Kant-Iber y, aunque se salía de nuestras actividades habituales, como en los estatutos teníamos reflejada la posibilidad de hacer otro tipo de actividades, encargamos la baldosa que, por cierto, no nos quisieron cobrar en Mármoles Salces [marmolería de Campoo], y la colocamos nosotros. Fuimos una mañana y, sin contar con el Ayuntamiento, simplemente les dijimos que íbamos a hacerlo y, aunque fliparon un poco, no nos pusieron problema. Como ellos no habían actuado, decidimos hacerlo nosotros. Invitamos a Pilar y a Laura, lo anunciamos a los medios, se colocó al baldosa, y es lo único que se ha hecho en 25 años. El nivel de pasotismo es alto.

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