Pastillas para portarse bien

Adrián G. Gómez
| 17.03.2014

El TDAH, o Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, es una patología psiquiátrica que, según la Federación Española de Asociaciones, padece entre un 2 y un 5% de la población infantil. Es uno de los trastornos más importantes dentro de la psiquiatría infanto-juvenil, constituyendo aproximadamente el 50% de su población clínica. Sus principales características son el aumento de la actividad motora del niño y una grave pérdida en la capacidad de fijar y mantener atención. En EEUU se ha convertido prácticamente en una epidemia: afecta ya a un 10% de los niños de entre 5 y 17 años. El metilfenidato, o Ritalín en farmacias, son estimulantes que se están recetando como tratamiento para este trastorno.

Sin embargo, no todos los sectores de psicólogos están de acuerdo con el diagnóstico de TDAH y su tratamiento. Elena Esther Gómez Santoyo, psicóloga y psicoanalista, sostiene que estas características o patologías no tienen por qué ser consecuencia de un trastorno mental. “Generalmente se hace referencia a la molestia que les ocasionan a los adultos las conductas del niño, pero pocas veces se aborda el sufrimiento del pequeño”, afirma la psicoanalista al explicar que muchas veces el TDAH se diagnostica mediante un test de comportamientos realizado por los padres y profesores del “paciente”. No está demostrada una causalidad neurológica ya que todos los estudios concluyen en base a supuestos que “borran tanto a la sociedad como productora de subjetividades como a cada sujeto como tal”, presuponiendo el futuro del niño y dejándole la única opción de “paliar un déficit” mediante tratamientos farmacéuticos o conductistas.

“Hay una tendencia a sobrediagnosticar niños desatentos, hiperactivos e impulsivos bajo esta nomenclatura”, a pesar de que, explica Gómez, en ciertas edades estas conductas pueden existir sin que esto implique ningún tipo de psicopatología infantil. En su opinión, este aumento en el diagnóstico y en la aplicación de estas sustancias solo beneficia a “las empresas farmacéuticas que comercializan los medicamentos que se prescriben de forma masiva”.

Por su parte, la Fundación CADAH (Cantabria Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad) sostiene que el metilfenidato y otros estimulantes similares son eficaces y beneficiosos para los niños, pues reducen de una forma “significativamente mayor” los síntomas que mediante otros tratamientos psicoterapéuticos o psicoanalíticos. Además, considera que estos fármacos, a pesar de ser parecidos a la anfetamina, no  producen adicción, a menos que se use en “chicos con problemas de abuso de drogas o alcohol”.

Pía Nebreda, psicoanalista que trabaja con niños, no ve esto así y considera que cualquier medicación “crea una adicción, sea orgánica o psicológica” dudando del mismo modo de que aplicar estos fármacos en niños no les produzca ningún tipo de secuela. “Muchas veces, si hay un trastorno grave detrás, acentúa esa psicosis”. Para entender esto último debemos conocer que actualmente la hiperactividad se considera una enfermedad, pero que no siempre ha sido así. Antes era un síntoma de un trastorno emocional y es de esta forma como lo entiende el psicoanálisis.

Todo esto no quiere decir que esta rama de la psicología sea totalmente adversa a los fármacos, pero sí es cierto, advierte Nebreda, que hay un aumento de “medicalización” en la infancia “muy grave”, que traerá consecuencias en un futuro cercano.

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