La contaminación acústica pone en peligro las vidas de cientos de animales marinos

Redacción.
| 28.10.2011

ballena4En la Universidad Politécnica de Barcelona llevan varias décadas estudiando los efectos nocivos del ruido en diferentes organismos marinos. Fuentes acústicas como barcos o sónares militares, pasando por parques eólicos marinos, resultan muy dañinas para ballenas, delfines y otros animales; y es que, dependiendo de la intensidad del sonido, pueden llegar a provocarles patologías permanentes e incluso la muerte.

Pese a que hace ya veinte años que se recogieron las primeras pruebas de este grave problema, no ha sido hasta principios de 2011 que se ha lanzado un proyecto llamado LIDO (Listening to the Deep Ocean Environment) con el que se podrían paliar numerosos daños. En él se incluye una novedosa tecnología de monitoreo acústico que permite escuchar, desde internet y en tiempo real, los ruidos marinos de diferentes puntos del planeta. Gracias a esta aplicación, accesible además para cualquier empresa, sería posible armonizar las actividades industriales con la protección de los animales marinos.

Dependiendo de la intensidad y frecuencia del ruido, los daños que sufran los animales pueden variar. Los más extremos tienen un impacto letal: provocan la muerte automática por la destrucción de las células sensoriales. Otros sonidos de menor intensidad resultan en patologías crónicas a largo plazo. Además, es necesario tener en cuenta el número de muertes indirectas que llegan a producirse. La contaminación acústica de menor intensidad también afecta negativamente, imposibilitando la comunicación o desorientando a los individuos, lo que puede llevar al varamiento en playas o al choque con elementos que no se puedan localizar a tiempo. Estos estudios se han centrado principalmente en los cetáceos, pero ellos no son los únicos que se ven afectados por los ruidos. Otros animales, como los cefalópodos, también sufren las consecuencias de la contaminación acústica.

Hasta hace poco no era posible hacer frente al problema del ruido marino, ya que no existían métodos para medir e identificar los distintos sonidos. Sin embargo, desde la aparición del proyecto LIDO es posible percibir los estímulos auditivos tal y como los oiría un animal (el oído humano no puede captar estos sonidos con la misma intensidad), identificando a la vez el lugar y la fuente del ruido, todo ello en tiempo real.

Por tanto, reducir al máximo el impacto humano sobre estos animales está ahora al alcance de todas las empresas. Pese a todo, todavía no existen leyes que exijan a las industrias tomar estas medidas protectoras, por lo que la fauna marina continúa en peligro, a la espera de que se pongan en funcionamiento nuevas normativas de regulación, un proceso que podría llevar meses.

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