Relato, balance y valoración de un fracaso transitorio

José María Gruber
| 16.12.2014

Siguiendo con el epígrafe iniciado del “Compromiso de la palabra dada”, que podemos traducir como “llamar a las cosas por su nombre y actuar en consecuencia” y que, cuando se trata de personas y colectivos, incluye también mencionar sus apellidos y siglas, me siento en la obligación de hacer un relato, balance y valoración del proceso, transitoriamente fracasado, de una iniciativa, por mí impulsada, para alcanzar una confluencia de personas corrientes, negativamente afectadas por las políticas de recortes y austeridad imperantes, y de organizaciones y colectivos que luchan contra dichas políticas.

El fracaso “puede que sea de Gruber” por no haber acertado en el planteamiento, pero la responsabilidad alcanza a todos quienes han dicho creer en el proceso, han participado en él y, sobre todo, alcanza a las organizaciones o grupos que, con su falta de implicación, en unos casos, o su excesivo protagonismo, en otros, han contribuido a la falta de entendimiento y, sobre todo, alcanza a quienes después han decidido libremente, por las razones que sean, abandonar el intento. Sin embargo, a quienes, desde el principio, declinaron participar, no les podremos achacar nada, salvo su falta de voluntad o de visión, que habrá que tener en cuenta.

La convocatoria, como es conocido, se extendió a partidos, sindicatos, movimientos y asociaciones vecinales y culturales y personas en general que se sintiesen concernidas e interesadas en conseguir dar un vuelco en la política municipal de Torrelavega, de tal manera que los intereses de la gran mayoría de la población se conviertan en el centro de todas las decisiones políticas de la Corporación.

La respuesta inicial a la convocatoria fue diversa: algunos, desde el principio, decliaron participar,  alegando que sus organizaciones no apoyaban electoralmente a ninguna opción política en particular (CCOO, UGT, Unión Vecinal), otros (Rincón Cubano) lo argumentaron con la aparente contradicción entre el proyecto y “ser un movimiento antiimperialista que trabaja el internacionalismo” (¿?), o quienes se encontraban en un proceso de “decisión sobre el modelo de funcionamiento  interno” (Podemos), o los que consideraban el proyecto un “falso atajo que no resolverá la situación crítica que vive la clase obrera” (PCPE). También hubo quien nos devolvía la invitación interesándose, por contra, por reunirse con nosotros para que conozcamos “sus objetivos y proyectos” (Cultura sin Techo).

Inicialmente, la participación contó con ACPT, IU y Equo, como organizaciones políticas, así como con numerosos miembros, a título individual, del Sindicato Unitario, algunos también del STEC,  de la PAH, de la Asociación Cultural Octubre, del Centro Social Ítaca, algunos observadores, también a título individual, de Podemos, y otras personas no pertenecientes a organización alguna. A la primera reunión asistieron ciento ventitrés personas.

A lo largo del proceso, que ha durado cinco reuniones, se han evidenciado varias posturas: desde quienes manifestaron inicialmente su “completa identificación” con el proyecto, pero que luego prácticamente han hecho “mutis por el foro” (la alta “dirigencia regional” de IU, aunque desconocemos lo que piensa su gente de Torrelavega); a quienes se han implicado activamente en él, con propuestas y también condiciones, algunas “innegocibles” (ACPT); o quienes han participado testimonialmente (Equo); y también la de personas que se han prestado voluntarias, en todo momento, a aportar trabajo efectivo al servicio del mismo. Sin duda, la falta de encaje entre todas estas posturas ha dificultado el avance del proceso, la participación ha ido disminuyendo en número y, el abandono, de hecho, de quienes participaban como grupos organizados ha dado al traste con el intento. Es necesario aclarar que, en el planteamiento, los grupos organizados eran considerados fundamentales para impulsar inicialmente el proyecto pero que, después, deberían pasar a segundo plano, siendo el funcionamiento asambleario el método a seguir, donde cada persona tuviese un voto. Las organizaciones podían contribuir, animando a sus miembros a la participación personal, y siendo garantes de que las decisiones de la asamblea se cumplían. Es posible que la resistencia a renunciar a su protagonismo haya sido determinante en la decisión de esos grupos organizados.

Las razones concretas alegadas por ACPT para abandonar son de carácter interno, que no nos queda más remedio que respetar. Algunas lastimeras e insistentes quejas de carácter personal de alguno de sus miembros más activos, como “sentirse incómodo” por el “mal rollo” respirado en las reuniones, o la falta de reconocimiento de “su entrega” al trabajo en el proyecto, suponemos que no hayan sido las razones de peso por las que su organización ha decidido abandonar. Hay que resaltar que todas las condiciones puestas por ACPT le han sido aceptadas antes de su abandono, y que nadie, tampoco ellos, ha puesto objecciones al proyecto en su conjunto. Por otra parte, las justificaciones de Equo para abandonar revelan, sin embargo, que o no se enteraron de lo que se estaba tratando en las reuniones, o que no asistieron físicamente, porque precisamente a lo que no pudimos llegar es a discutir esas “cuestiones organizativas” que dicen que hicimos. De todas maneras, es poco elegante anunciar por los medios su decisión, y no comunicarlo directamente a los hasta entonces compañeros de debate, cuando nadie les ha impedido expresarse en las reuniones. De quien no conocemos las razones de su abandono efectivo es de IU, aunque sospechemos que es fruto de su desacuerdo interno en cuanto a la participación o no en el proyecto. Que, para Podemos, participar resultaba prematuro, dada su situación de construcción interna, no explica su falta de interés, como colectivo, por algo que se adecuaba perfectamente a su filosofía, aunque hubo algunos de sus miembros que, participando a título individual, sí mostraron sincero interés. Hay quienes piensan que “Gruber debería haberse retirado” después de la primera reunión, pero también hay quien considera que “gracias a su presencia” pudimos llegar a celebrar hasta cinco reuniones.

Lo que sí algunos tenemos claro es que todos hemos adquirido una gran responsabilidad política para con el pueblo de Torrelavega con nuestras actitudes y decisiones, y que, de quedar así las cosas, mañana más de uno nos pedirá cuentas por haber dejado pasar una oportunidad inédita para poder conseguir algo importante.

Algo que ha quedado claro es que no estamos acostumbrados a trabajar para unir fuerzas, para confluir buscando objetivos comunes. Habría que analizar el porqué. No hemos podido establecer “políticas consistentes” porque no hemos llegado a hablar de política. Sólo ha habido debate sobre principios, nada de estrategias, de método, de proceso. El debate sobre los principios ha resultado ser el tapón que ha impedido avanzar. Hay quien cree que poner la cuestión de los principios delante ha sido una maniobra de quienes no querían que la cosa avance. Quienes han planteado el debate y quienes hemos entrado al trapo hemos olvidado que la confluencia es necesaria precisamente cuando existen posiciones distintas porque, cuando todos pensamos lo mismo en todo, lo que existe es identidad, no hace falta trabajar por confluir. Que la confluencia siempre es necesaria y en algunas ocasiones lo es más y, como nos decía, hace poco, Diego Cañamero, estos son “tiempos en que hay que guardar los manifiestos en el cajón” y ponerse a trabajar para conseguir, ante todo, unir fuerzas, porque hay condiciones para ello. Y un proyecto de las características de este que se ponía en marcha no existe en Torrelavega.

Y esa ha sido la madre del cordero, que no todos hemos comprendido que las circunstancias actuales son excepcionales, que hay, cada vez, más gente indignada por la situación, que siente que es urgente encontrar soluciones, y que es  más la que ahora está dispuesta a participar, a organizarse. Pero esa gente quiere ser parte de la solución, ya no se contenta con que le pidamos su adhesión dócil a nuestras ideas y nos den el voto a que tienen derecho.

Es posible que, los partidos que hayan decidido presentarse, en solitario, a las elecciones, inicien ahora un trabajo de “dejarse ver” por los barrios, de preguntar a los vecinos cuáles son sus problemas. Pero eso ya está muy gastado, también lo hacen el PP, el PSOE, el PRC y otros. Ya en 1983, una candidatura llamada “Izquierda para el Futuro”, consecuente con su denominación y demostrando premonitoria visión histórica (y que se presentó, en Torrelavega, bajo el lema de “El Mejor Alcalde el Pueblo”), planteó, por primera vez, y fruto de un gran trabajo de escuchar a la gente, un programa específico para cada barrio. Fue algo inédito hasta entonces. Después, unos y otros han tratado de imitarlo. Era un inicio de autocrítica. La diferencia de aquello con lo que ahora demanda la gente es que ahora ya no basta con que les preguntemos como encuestadores lo que piensan, y ni siquiera que les escuchemos. La gente espera que contemos con ella a la hora de elaborar los programas y, sobre todo, a la hora de elegir los candidatos, a la hora de las grandes decisiones. Ahí está la clave. Quien no haya percibido esto es que no se entera o que está obsesionada con aferrarse a lo poco que tiene y que, seguramente, le ha costado mucho esfuerzo conseguir, sin duda. Dicho de otra manera, que le falta ambición y valentía para alcanzar grandes metas, que no cree que pueda ganar, que no cree en la gente, que olvida que no es más que un instrumento para que el conjunto de la población sea quien consiga esas grandes metas, y que “lo que tiene conseguido” no le pertenece, que se lo debe al apoyo recibido de la gente, y que, cada cuatro años, inevitablemente, debe revalidar obteniendo sus votos.

Entiendo, con todo, que el fracaso es transitorio, que esto no puede quedar así,  que, quizás, antes del próximo mayo haya nuevos intentos, porque sigue habiendo gente cabal, sobre todo entre la gente sencilla, que se mete en política para servir al interés general y no al suyo propio. Personalmente espero que de esta experiencia todos hayamos aprendido algo.

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