El momento es ahora. Sobre mi presencia en la lista ‘Claro Que Podemos' al Consejo Ciudadano de Podemos.

Marcos Martínez Romano (miembro de Podemos Santander)
| 14.11.2014

El viernes pasado se hizo pública la lista al Consejo Ciudadano Estatal de Podemos del equipo Claro Que Podemos. Candidatura para dirigir colectivamente este proyecto y dentro de la que tengo el orgullo y la responsabilidad de estar incluido.

Tengo 26 años y llevo militando activamente en diversos movimientos desde los 18. Crecí con la convicción de la necesidad de preocuparnos por los problemas que como sociedad sufrimos, y por ello, de involucrarnos en intentar ser partícipes de la solución de los mismos en favor de las mayorías sociales. Por ello, durante este tiempo, he estado presente en organizaciones sindicales, estudiantiles, juveniles, políticas y sociales trabajando todo lo que he podido para intentar cambiar la realidad.

Recuerdo mi estancia en la Asamblea contra el Plan Bolonia de Cantabria, trabajando para intentar parar un proyecto que ahondaba en la concepción mercantilista de la educación universitaria, en donde conocí a varios de los que posteriormente serían y son grandes compañeros en Regüelta. Una organización juvenil cántabra en la cual, parafraseando la ya clásica canción de Reincidentes, crecí “aprendiendo a luchar” junto a jóvenes que desde distintas perspectivas ideológicas compartíamos el deseo de mejorar nuestra tierra y poder construir un futuro digno en una Cantabria digna.

Con ellos me involucré activamente en el 15 M. Un espacio de socialización política que nos enseñó mucho a los que veníamos de una cultura política de izquierda tradicional –fuéramos mayores o jóvenes. Nos enseñó a dejar de leer a los clásicos como manuales y empezar a adaptarlos a la realidad; nos enseñó a empezar a dejar de lado nuestra obsesión por querer introducir los símbolos con los que reafirmábamos nuestra identidad, colectiva e individual, allá donde fuéramos, sin tener en cuenta el suelo que pisábamos; aprendimos también a dejar de lado esa especie de superioridad moral que nos creíamos daba el ser militante de una organización, con supuestamente mucha razón pero evidentemente poca fuerza, que nos hacía hablar como marcianos a personas que, muchas de ella sin ninguna trayectoria política, dieron en el clavo con sus consignas y análisis para conectar con los núcleos de buen sentido existentes en el sentido común general y empezar a hacer estos más grandes; nos enseñó, en definitiva, lo que es hacer política en la calle de verdad, con la gente. Aunque en Cantabria el movimiento en sí mismo no se extendió demasiado en el tiempo, para muchos fue la mejor escuela política de nuestras vidas y allí conocí a nuevos compañeros con los que he compartido y comparto aún espacios de movilización ciudadana.

También recuerdo como allá por el 2012 nos enrolamos en un ambicioso proyecto que sigo creyendo necesario para Cantabria. Una especie de coordinadora de la diversidad de colectivos sociales, políticos, juveniles, sindicales, culturales y estudiantiles que existen en nuestra tierra. ‘Cantabria No Se Vende’ fue el nombre y la intención era que sirviera como articulador de todas estas distintas experiencias que se daban en la sociedad civil cántabra para aunar voluntades a la hora de luchar contra la expresión en Cantabria de un Régimen que ya empezaba a ofrecer claros síntomas de derrumbe.

Al tiempo de toda esta trayectoria militante, comencé a estudiar ciencias políticas. Cuando uno está convencido del deber que le toca afrontar en el trabajo político para mejorar las condiciones vitales de la gran mayoría de la población acaba considerando que, además de por propio placer, por “obligación” es necesario estudiar todo lo que se pueda para comprender un mundo con cada vez más aristas y ser capaz de contribuir a transformarlo de la forma más eficaz posible.

Lamentablemente, después de todas estas experiencias observábamos como la situación general no mejoraba. Más bien al contrario, tanto en el conjunto del Estado español como en Cantabria el paro crecía, el número de desahucios se disparaba, la pobreza llamaba cada vez a más puertas, una cantidad creciente de jóvenes se veían obligados a emigrar para poder labrarse un futuro y el ciclo expansivo de movilizaciones que comenzó el 15 de mayo de 2011 y siguió con las mareas y otras nuevas formas de acción colectiva comenzaba aceleradamente a detenerse, ante la incapacidad de alterar los planes austericidas de aquellos que ocupaban las instituciones en los diversos ámbitos territoriales. El 15 M nos enseñó todo lo positivo que cité en las líneas de arriba, pero también la muestra de los límites del asamblearismo y la democracia directa en la desarticulada y despolitizada sociedad de hoy.

En esta situación llegamos a principios de 2014 con la percepción de la imposibilidad de alterar los equilibrios institucionales que permitían a las élites político-económicas seguir llevando a cabo sus planes de desposesión de las mayorías sociales y con estas últimas desmovilizadas y resignadas a aceptar un funesto porvenir.

Sin embargo, en este contexto, a finales de Enero surgió un proyecto político que removió por completo los cimientos de la sociedad española. Un grupo de profesores, investigadores y activistas liderados por el ya conocido en televisión Pablo Iglesias, lanzaron ‘Podemos’. El nombre ya anunciaba el enfrentamiento a esta resignación existente propia de la victoria cultural del neoliberalismo y de la desmoralización fruto de la comprobación de la ineficacia del ciclo de protestas del 15M. Desde el primer momento se expresó que la intención de ir a por todas y ser una herramienta que sirviera como palanca para descomponer el (des)orden institucional existente.

Aquel anuncio nos sacudió a todos. Los debates sobre qué podría deparar esa experiencia, sobre su puesta en escena, su apuesta discursiva o sus rostros visibles –en especial el de Pablo-, se hicieron habituales entre los más activistas. Pocos días después del lanzamiento de Podemos y en la víspera de la presentación pública del proyecto en Cantabria, escribí para esta misma página este artículo sobre mi decidida apuesta a que en Cantabria también “podríamos” http://www.enfocant.info/opinion/opinion/podemos-sinergia-lo-popular-lo-institucional-para-ganar

Los acontecimientos en los meses posteriores se sucedieron muy rápidamente. En Febrero decidí involucrarme de lleno en Podemos Santander. Allí compartí proyecto con varias personas a las que conocí en el 15M, con activistas venidos de otros movimientos sociales cántabros o de fuera pero, sobre todo, con varias personas que no cargaban con ninguna mochila activista a sus espaldas, pero que veían en Podemos la herramienta necesaria para canalizar su hartazgo con la casta política cada vez más dominante pero menos dirigente de este Régimen del 78.

Llegaron las elecciones europeas, Podemos obtuvo 5 eurodiputados y conseguimos ser tercera fuerza en Cantabria como una campaña que apenas debió sobrepasar los 200 euros de coste y la treintena de personas involucradas activamente en ella. A partir de ahí comenzó el reto de organizarnos. Los compañeros de Santander depositaron la confianza en mí como uno de los portavoces y tuve la ocasión de bregarme en diversas ocasiones con representantes de una casta local aún más ciega y mediocre que la estatal, pero con demasiado poder e influencia en una tierra tan chica como la nuestra.

En junio, tuve la ocasión de acudir a Madrid al primer encuentro estatal de Podemos y observar en persona que el proceso de ilusión abierta iba a ser imparable. De allí volvimos a Cantabria con las miras puestas a afrontar el proceso constituyente de la organización en los próximos meses de la mejor forma posible. La primera parte del mismo ya terminó, y hace unas semanas nos dotamos de unos documentos ético, político y organizativo que marcarán la hoja de ruta del proyecto en los próximos años.

Esta semana estamos inmersos en la segunda parte del proceso a nivel estatal, en poner cara y nombres a las personas que tendrán la gran responsabilidad de ocupar los cargos de las estructuras orgánicas aprobadas. Es decir, un Secretario General, 62 miembros del Consejo Ciudadano (a los que se unirán los 17 Secretarios Autonómicos y el representante de Podemos en el exterior del Estado español) y 10 miembros de la Comisión de Garantías.

Y aquí es donde vuelvo al primer párrafo de este artículo. Tengo el orgullo, la fortuna y la responsabilidad de estar incorporado en la lista Claro Que Podemos encabezada por Pablo Iglesias. Comparto candidatura con personas a las que en su mayoría no conozco personalmente, pero por las que en varios casos tengo una gran admiración intelectual. -También con un par de personas con las que ya compartí el proyecto ‘Podemos Participar Más’ de borradores organizativo y ético para Podemos en la anterior fase del proceso constituyente.

Creo que esta es una lista llena de gente competente para dirigir este aparato destinado a arrebatar este país de países a la casta para devolvérselo a sus gentes. Una lista plural en los planteamientos de cada una de las personas que la componen, pese a las críticas que puedo observar enfocadas hacia una supuesta uniformidad ideológica de la misma en relación sobre todo con la figura de Pablo Iglesias y el resto de cabezas visibles de Podemos; una lista plural en lo territorial, porque somos conscientes de la diversidad de pueblos que conviven en el Estado español y las diferentes necesidades de las gentes de cada uno de ellos y creemos que nadie debe quedarse al margen; una lista paritaria en cuanto a género, porque ya hace muchos años que sabemos que “la revolución será feminista o no será” y las mujeres deben ser protagonistas de este proceso de transformación.

En definitiva, creo sinceramente que es una lista coherente y cohesionada en su diversidad con los mimbres necesarios para afrontar un año crucial. Un tiempo de excepcionalidad política en el que tenemos la ocasión de mantener abierta la famosa ventana de oportunidad y colarnos por ella para continuar agrandando las grietas de este Régimen con el fin de alterar los equilibrios actuales hasta el punto de poder iniciar un proceso constituyente que devuelva la palabra a los pueblos de este país para discutir sobre todo. Lograrlo es una necesidad real ante la situación de urgencia social que viven millones de personas y hay que ser conscientes de que tendremos poderosísimos enemigos en frente dispuestos casi a cualquier cosa para evitar que venzamos.

Y, para hacer frente a los obstáculos que nos vendrán y poder vencer, estoy convencido de que nos hará falta contar con toda la gente ilusionada hasta el día de hoy, pero, sobre todo, con los millones de personas que pueden formar parte de esta nueva identidad colectiva que se está configurando recogiendo lo ya sembrado en la sociedad durante los últimos años de movilizaciones y articulándolo en un discurso aglutinador que aspire a dejar fuera sólo a esa casta política, económica y mediática que nos roba la vida. Para esto, creo que esta lista está repleta de inteligencia política para continuar con la construcción de un movimiento hegemónico que siga ahondando en la brecha “ciudadanía-oligarquía” que las propias élites abrieron al romper por arriba el pacto del 78 para conservar sus privilegios.

El viernes se cerrarán las votaciones y el sábado se anunciarán los nombres de las personas que dirigirán este proceso en los próximos meses. Fuera de la lista de Claro Que Podemos también hay personas muy capacitadas, incluso necesarias diría, para dirigir esta nave a buen puerto. Pero, eso sí, espero tener la responsabilidad desde el sábado de ser una de las personas que tenga que ayudar a que la nave no se estrelle a mitad de camino.

Claro que Podemos. El momento es ahora.

Comentarios

Me gustaría una organización

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Me gustaría una organización de izquierdas (con el formato que sea) en Cantabria, fuerte y asentada. Pero si vamos a empezar con ombliguismos y ensoñaciones identitarias, apaga y vámonos. Ya estamos muy mayores para andar perdiendo el tiempo con tonterías... Por citar a los "clásicos": "No pintéis el nacionalismo de rojo" (Lenin).

Las identidades minorizadas

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Las identidades minorizadas son tonterías para los que os identificáis con las identidades mayoritarias colonizadoras, como ocurre con muchas otras opresiones. La pérdida de tiempo es el cosmopaletismo y el nacionalismo español pintado de internacionalista, no hay cosa más nociva. Por ayudar a conocer a los clásicos:
“Amamos a nuestro país. ¿Es que a nosotros, proletarios conscientes de la Gran Rusia, nos es extraño el orgullo nacional? ¡Claro que no! Nosotros amamos a nuestro idioma y a nuestro país. Nosotros trabajamos, sobre todo, para elevar a las masas trabajadoras de nuestro país (…) a la vida consciente de demócratas y socialistas. Nosotros sufrimos ante todo viendo y sintiendo las arbitrariedades, las humillaciones, el yugo que los verdugos imperialistas, los nobles y los capitalistas hacen sufrir a nuestra bella patria. …”. (V. I. Lenin)

Mi adscripción nacional es

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Mi adscripción nacional es cántabra. No me considero nacionalmente español. Pero mucho tiene que ver con la hegemonía que de la idea del concepto "España" tienen los sectores reaccionarios desde hace mucho tiempo. En especial desde 1898 y después aún más desde 1939.

Ahora bien, pienso que para que los derechos de mi pueblo (yo los puedo llamar nacionales, hay gente que no, me importa poco la verdad) puedan quedar reflejados (recuperación de nuestra cultura, nuestros derechos lingüísticos, nuestra soberanía a la hora de dotarnos de un proyecto económico-productivo a medio y largo plazo...) es necesario que la idea general de España se resignifique en un sentido de Estado plurinacional, o incluso de "país de naciones" (está claro que para mucha gente España es una nación, y lo respeto profundamente). 

Partiendo de ahí, si consiguiéramos lograr esto, no tendría ningún problema en considerarme ciudadano español (la ciudadanía al fin y al cabo es lo que te viene a dar tus derechos), aunque en términos nacionales siguiera considerándome cántabro.

El tema de las identidades es tan apsionante como complicado. Siendo contextos totalmente diferentes, te recomendaría que leyeras o vieras en youtube al vicepresidente boliviano García Linera hablando sobre el encaje de las diferentes identidades nacional-culturales originarias en Bolivia con la identidad nacional boliviana a raíz de la llegada de Evo al gobierno y de, 3 años después, la paorbación de la nueva constitución en la que se reconocen los derechos de las naciones originarias y a Bolivia como "Estado Plurinacional".

Repito, es muy diferente, pero no creo en el esencialismo en ningún tipo de constitución de sujetos colectivos (no solo nacionales), sino que el discurso tiene mucho que ver en eso. Y desde Cantabria, no veo otra opción. 

Eso sí, siendo serios, en un futuro e hipotético Estado Plurinacional español dudo que de entrada Cantabria fuera una de esas naciones. Lo primero porque para ello debería de existir una mayoría de cántabros que así lo sintieran y por tanto lo demandaran. Y eso, es tarea de toda persona que quiera lograrlo.

Saludos!