Por la radicalización democrática del fútbol. El Racing no se vende

Marcos Martínez Romano
| 13.02.2013

En los últimos años venimos  asistiendo al lento asesinato del Racing por parte de diferentes y oscuros personajes que solo buscan obtener el  mayor beneficio posible a través del club cántabro sin importar a costa de qué. Contando, además, con la complacencia de los diferentes gobiernos que han ejercido el poder político en Cantabria durante este tiempo.

La situación del club cántabro no es exclusiva. El mundo del fútbol en el Estado español se encuentra en una situación de podredumbre vergonzosa. La deuda de los clubes de la Liga española con hacienda es colosal, y los negocios hechos al sabor de un buen champagne y unos habanos en los palcos de los estadios están a la orden del día. Mientras tanto, los aficionados pintan cada vez menos en este complejo entramado dirigido por importantes empresarios asociados a los grandes partidos.

 

A su vez, esta situación del  llamado deporte rey está enmarcada en el actual contexto socio-político en el que nos encontramos. El régimen capital-turnista que padecemos en el conjunto del Estado desde la transacción, está desmoronándose. Las élites políticas al servicio de las económicas pierden credibilidad a marchas forzadas y una corriente de voluntad participativa se esparce entre la sociedad civil.

El fútbol no puede permanecer ajeno a esto. Cuando la sociedad está reclamando y trabajando por tener y ejercer el derecho a participar de la toma de decisiones sobre la organización de la vida política, de las cuestiones sociales y de la organización económica, los aficionados al fútbol debemos de ir por el mismo camino y trabajar por radicalizar democráticamente los clubs. Recuperarlos, hacerlos nuestros de verdad.

En Cantabria los racinguistas hemos tenido que padecer varios ejemplos en las últimas dos décadas que nos deberían de llevar a exigir un mayor poder de decisión sobre la organización y gestión del club.

Llevamos mucho tiempo siendo dirigidos por empresarios de la construcción ligados a las cúpulas dirigentes de los tres grandes partidos, por empresarios madrileños ajenos totalmente a la realidad de nuestro pueblo, o por “hombres ricos y sabios” venidos de miles desde kilómetros de distancia con promesas de éxitos deportivos jamás soñados, y bajo oscuros intereses políticos y económicos.

Entretanto, el Racing ha ido dejando de ser una seña de identidad para nuestro pueblo y entre la juventud cántabra aficionada al fútbol el desarraigo con el equipo referente de Cantabria no para de crecer.

La cantera está completamente abandonada, con muchas familias que lo último que desean es que su hijo termine jugando en el Racing, mientras otros clubs del futbol base cántabro suscriben convenios de colaboración con equipos como el Valencia, o el Real Madrid construye una escuela de futbol para los niños cántabros.

Por todo esto, para recuperar nuestro Racing y volver a hacerlo una fuente generadora de identidad colectiva en Cantabria, necesitamos concienciarnos de que somos nosotros, los racinguistas, quienes debemos de tener la última palabra en la gestión de nuestro equipo. Tenemos que tener claro que ningún multimillonario remoto, ni ningún empresario, cántabro o no,  vinculado a las élites políticas en Cantabria, buscará jamás la prosperidad de nuestro club, sin, principalmente, perseguir otro tipo de intereses que redunden en sus bolsillos.

Para avanzar hacia una sociedad más libre y más justa es necesario que el pueblo se empodere y se convierta en protagonista de la toma de decisiones a todos los niveles.
Del mismo modo, para recuperar la dignidad de este deporte, debemos de ser actores principales en la gestión de nuestros clubs. El Racing, nuestro Racing, lo debemos de (re)construir los racinguistas.

Comentarios

Lo mejor que puede hacer el

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Lo mejor que puede hacer el Racing es disolverse hundirse por completo y que los verdaderos aficionados y seguidores lo regeneren desde 0, aunque haya que empezar desde la división mas baja, al menos sería un equipo totalmente de los cántabros, con jugadores de la tierra y para disfrute en los buenos y los malos momentos para los cántabros, no una casa de putas donde viven y engordan los caciques de Cantabria, Pernia, Harry el sucio, de la Sarna y Pisapuros, y anteriormente Revilla. Todos ellos al hoyo, no a la financiación con dinero público de este despropósito, prefiero que se gaste ese dinero en traer industria a esta región o potenciar la que ya tenemos.