La tercera victoria de Evo Morales y su ejemplo: “sí se puede”

Marcos Martínez Romano
| 17.10.2014

El binomio Evo Morales-Álvaro García Linera, se impuso por tercera vez consecutiva en las elecciones bolivianas. Lo hizo en un día muy señalado, el 12 de octubre, Día de la Resistencia Indígena y con casi un 61% de los votos, logrando vencer en 8 de los 9 departamentos de Bolivia. Superó en un 35% al segundo en disputa, el candidato neoliberal y principal industrial boliviano Samuel Doria Medina. Tan sólo con observar los orígenes de unos y de otros –lucha sindical y guerrillera de Evo y Linera respectivamente y gobernador del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo Doria Media-  ya nos podemos hacer una idea del cambio de paradigma que en la última década se ha llevado a cabo en Bolivia.

Estas elecciones han tenido una victoria especialmente gratificante para los dirigentes del MAS (Movimiento al Socialismo): la obtenida en el departamento Santa Cruz, con casi el 50% de los votos (en 2002 la candidatura de Evo obtuvo tan solo el 3%.). Este departamento está encuadrado en la región conocida como “media luna”, zona oriental de Bolivia de mayoría no indígena en donde se inició en 2008 una insurrección dirigida por la oligarquía de la zona y respaldada por los EE.UU. contra el gobierno del MAS con el objetivo de separar esta zona del resto del Estado boliviano. En referencia a este éxito el mandatario indígena afirmó en la noche electoral que en Bolivia “ya no hay media luna, hay luna entera”.

Esta clara victoria de Evo, así como la probable obtención para el MAS de los 2/3 en la Asamblea Legislativa Pluninacional, tiene varias y diversas explicaciones interrelacionadas entre sí.

La primera se resume en una frase: el gobierno encabezado por Evo ha sido desde su comienzo el mejor de la agitada historia de Bolivia. Se ha conseguido garantizar el bienestar material y se ha logrado convertir en protagonista de la vida política boliviana a las grandes mayorías nacionales. A esa masa heterogénea, encabezada por la mayoría indígena del país, que durante siglos fue explotada, humillada y expulsada de la toma de decisiones colectiva. En lo jurídico, esta integración quedó plasmada en la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia aprobada en 2009. Un Estado Plurinacional construido con el afán de que en la identidad nacional boliviana encajaran las diversas identidades de las naciones culturales originarias que pueblan Bolivia y que estas vieran recogidos sus derechos en el texto constitucional.

La segunda tiene que ver con la revolución política y social que se viene produciendo en Bolivia desde el primer gobierno del MAS y la incorporación al bloque histórico que la protagoniza de nuevos actores sociales y políticos. Una de sus características fundamentales es el establecimiento en Bolivia de un gobierno en el que los movimientos sociales, de los que varios fueron protagonistas en las guerras del agua y del gas tan importantes en el proceso destituyente del Régimen boliviano pre-Evo, son parte fundamental del mismo.

Para ello, el MAS se ha organizado hasta el día de hoy, más que siguiendo la tradicional “forma-partido”, como una herramienta a través de la que construir y consolidar una coalición de movimientos sociales y organizaciones populares de distinto tipo y ámbito de actuación. Una coalición que se ha ido ampliando a lo largo de los años incorporando a su interior a sectores que antes, o bien sin ser adversarios no apoyaban explícitamente el proceso boliviano -como el principal sindicato obrero del país, la Central Obrera Boliviana (COB)-, o bien eran férreos adversarios de este: empresarios, clases medias, etc. Esta fase de agregación de otros sectores al bloque nacional-popular encarnado en Evo Morales se ha acelerado durante los últimos 5 años, en especial en la zona anteriormente citada de la “media luna”, en donde se encontraban la mayor parte de oligarcas opuestos al proceso.

Ahora bien, en toda construcción hegemónica es fundamental incorporar a tus adversarios al bloque histórico después de haberlos derrotado para que el núcleo dirigente continúe siendo el mismo. Como bien señala el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera al hablar de la construcción de hegemonía: “No olviden, siempre hay que sumar a Lenin con Gramsci, al adversario hay que derrotarlo, eso es Lenin; Gramsci, al adversario hay que incorporarlo, pero no se incorpora al adversario, en tanto adversario organizado, sino en tanto adversario derrotado”. Esta derrota se produjo ya en 2009 con la aprobación del referéndum constitucional a principios de año y la definitiva derrota de la oligarquía levantada en Santa Cruz. Y esto es lo que ha propiciado que el sector indígena y popular permanezca liderando este bloque y pueda continar ubicando su visión de la sociedad como la visión de todo el bloque y de todo el país. Aunque este proceso nunca se cierra del todo y siempre hay que gestionar las tiranteces que se produzcan al interior de ese bloque heterogéneo de la manera que al propio Linera le gusta señalar: transformando las contradicciones en “tensiones creativas”.

La tercera tiene que ver con la gestión económica del gobierno del MAS en esta “década ganada”. El PIB  ascendió de forma sustancial al pasar de 9.525 millones de dólares en 2005 a 30.381 en 2013 -creciendo la economía un 5,5% de media anual- mientras que el PIB per Cápita saltó de 1.010 a 2.757 dólares entre esos mismos años. Es decir, en Bolivia durante estos años se ha crecido a la vez que se ha distribuido la riqueza. Una de las claves es sin duda la nacionalización de los hidrocarburos que consiguió que, si antes de la llegada de Evo a la presidencia el reparto de la renta petrolera y del gas dejara en manos de las transnacionales el 82% de lo producido, en la actualidad esta situación se haya revertido. Al respecto Evo Morales afirmó tras ganas las elecciones que “aquí (en referencia al proceso electoral) estaban en debate dos programas: la nacionalización, frente la privatización.”

Este vuelco de la situación ha permitido llevar a cabo las políticas para dotar de condiciones materiales dignas e integrar a la vida política boliviana a la mayoría social tradicionalmente desposeída, como citaba antes. Y se resume en la frase que los bolivianos que celebraban el triunfo de Evo-Linera en la paz coreaban la noche del pasado 12 de octubre: “Patria sí, colonia no”. Lo que se produce en Bolivia es ya de los bolivianos y esto repercute en tangibles mejoras en la calidad de su vida diaria. Quizás el indicador más fuerte al respecto es el que la extrema pobreza descendió del 39% en 2005 al 18% en 2013. Con la vista puesta en acabar con esa lacra por completo para el año 2025.

El ejemplo boliviano para el reto en todo el sur de Europa y en el Estado español

El gobierno boliviano del MAS liderado por Evo Morales es un referente a la hora de afrontar el reto de cambiar las relaciones de poder por completo en todo el sur de Europa, en el Reino de España y en todos los pueblos del Estado español.

Teniendo siempre en cuenta las grandes diferencias existentes en muchos ámbitos entre Bolivia y el resto de los países latinoamericanos y nuestra realidad, el ejemplo boliviano –así como el de otros gobiernos populares en Latinoamérica- nos demuestra que conquistando esa pequeña parte del poder real que supone el gobierno, se puede comenzar a gobernar de otra forma para que la economía esté al servicio de las mayorías sociales de nuestro(s) país(es) y no del Fondo Monetario Internacional y la Troika Europea. Nos demuestra que, pese a los dogmas que los economistas neoliberales nos venden como leyes científicas una y otra vez, es posible crecer a la vez que se distribuye la riqueza; que las políticas de gasto social estimulan la economía y que desde el poder político se le puede hacer frente al poder financiero.

Nos grita que “sí se puede”. Una sencilla frase que, sin embargo, ha supuesto en los últimos años uno de los principales ataques a la línea de flotación del neoliberalismo. Sistema político, económico y cultural que basa su funcionamiento para transferir riqueza pública y común a manos privadas a través del Estado,  en instalar en el imaginario colectivo de las sociedades la imposibilidad ya no solo de acabar con lo establecido, sino ni tan siquiera la posibilidad de imaginar la manera de alterar el actual estado de las cosas para construir algo diferente en donde el pueblo se sitúe en el centro. En donde además de que la economía esté orientada a satisfacer sus necesidades, la gente se convierta en sujeto protagonista de las decisiones colectivas de la sociedad.

Y también nos enseña que, en un mundo como el actual, construir un gobierno popular, radicalmente democrático e insumiso a los poderes financieros internacionales es imposible planteado en términos de un solo país. Por eso, siguiendo el rumbo del Comandante venezolano Hugo Chávez, el gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia ha puesto también en el centro de su gestión la integración latinoamericana en clave antiimperialista. Bolivia es miembro del ALBA y de la CELAC,  tiene en Cochabamba la sede del Parlamento Surámericano de la UNASUR y está previsto su ingreso en el MERCOSUR en diciembre de 2015.

Pero no sólo la integración se queda en Latinoamérica, sino que traspasa las fronteras de la Patria Grande de Bolivar, Sucre y San Martín siendo actualmente Evo Morales presidente del “Grupo de los 77 más China”, un grupo de países en vías de desarrollo con el objetivo de ayudarse, sustentarse y apoyarse mutuamente, cuya última cumbre se celebró en el mes de junio en Bolivia. Ejemplos que nos sirven a la hora de buscar alianzas entre los pueblos del sur de Europa (en Grecia Syriza parece que ganará con toda probabilidad las próximas elecciones) para intentar construir un bloque supraestatal en clave de apoyo mutuo capaz de hacer frente a la política neoliberal de la Unión Europea encarnada en la Troika y en el gobierno alemán de Angela Merkel.

Túpac Katari, el indio aymara que puso en jaque a las tropas españolas a finales del siglo XXIII, afirmó: “yo moriré, pero volveré hecho millones”. Actualmente en Bolivia los millones de indígenas, campesinos, obreros y demás sectores populares son gobierno. En el sur de Europa tenemos que recorrer, desde nuestras realidades, ese camino.

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