La mala senda De la Serna

Patxi Ibarrondo
| 15.10.2014

El único paisaje agreste, genuinamente cantábrico en la costa urbana de Santander va a pasar a mejor vida y al olvido. Ya nunca será lo que fue. Una vez más se ha impuesto la cursilería, el afán de mover presupuesto sin ton ni son, la visión decadente y balnearia de ciudad estática, somnolienta de paseantes de domingo con sombrilla, alicatada con las baldosas de la cursilería kistch.

La senda original de Cabo Mayor, el Pabellón del inglés hasta la Virgen del Mar, ya no será una senda. Será un paseo, tal y como lo conciben el alcalde De la Serna y sus conmilitones. Hace pocos días que se ha propuesto como continuador en el cargo. Si duda, volverá a vencer. El horno de Santander no está para otros bollos. Iñigo de la Serna da esa imagen de chico "bien", cosmético, con estudiado tupé gris plata y sin ideas propias; un perfil reflejado en el espejo de L' Oreal, con incorporación de amplio espectro Photosop; un look eternamente planchado, de atildado burócrata al que no faltan los genuinos detalles del jersey a pico (color rosa o limón..) del cocodrilo lacoste pijotero. En fin, un ejemplar de ese repelente Santander de los baños de ola antediluvianos, genuino producto de una nostalgia rancia e inmovilista. Ese Santander de El Sardinero reproducido a escala por todos lados.

Eso es lo que van a hacer. Ya lo están haciendo. Despersonalizar. Convertir la seña de identidad del norte de la ciudad en pilastras torneadas y barandillas innecesarias, de color "azul trolebús", por supuesto. Y están las excavadoras destrozando las rocas de lo auténtico para colocar el pastiche de siempre.

El grito que se alza en la calle es "¡No lo toquen!". En nombre de la razón, la lógica, la estética y la naturaleza. Que no se altere más ese litoral. Que lo dejen estar como lo parió la naturaleza. Me extrañaría muy mucho, pero quizá quede la remota posibilidad de que el alcalde no sea sordo y tenga cintura elástica suficiente para rectificar. ¡No lo toquen! Simplemente límpienlo y dejen a ese entorno marino ser lo que es.

Es este un Santander de vencidos por la inercia, da igual que cambien los alcaldes. No viajan, no aprenden y todos y ellos son amigos íntimos del matrimonio entre el hormigón y la baldosa. Un edil tras otro están fabricados por el mismo molde absurdo que puso a "Pick", poeta del mar, dando la espaldas a las olas. Es la estética antiestética de la desilustración. El afán de borrar las profundas señas de identidad, el paisaje que une al ciudadano con su ciudad y no al turista de paso y de paseo eventual. Es la traición a la tradición por la vía de una "vistosidad" decorosa y aséptica.

En la senda solo hacía falta barrer, cortar y señalar. Pero en lo sencillo no hay inversiones.

Territorio: 

Comentarios

Excelente descripción de lo

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Excelente descripción de lo que ya es seña de identidad de esa ciudad. No es difícil darse cuenta de que lo que más nos gusta de Santander es lo que la rodea, lo que no es Santander.